CENA HOMENAJE A MARIOLA SANZ Y A "LOS PALERONES" 30-1-2026

  

 Con gran afluencia de vecinos y vecinas, y también de gente venida de lejos, se celebró este entrañable homenaje a Mariola Sanz y a la asociación "Los Palerones". Besos, abrazos, recuerdos y miradas cómplices al saber que estamos compartiendo amistad y creando pueblo en este PRIMER RECONOCIMIENTO por parte de la Plataforma Ciudadana de El Esparragal; esperamos y deseamos que se vayan sucediendo fiuturos reconocimientos en los años venideros.

Dejo a continuación imágenes y escritos de lo acontecido. Gracias a todos y a todas por vuestra presencia.


 

PRESENTACIÓN HOMENAJE A MARIOLA SANZ, MAESTRA

¡Buenas noches! ¡Y en nombre de la PLATAFORMA CIUDADANA DE EL ESPARRAGAL os agradezco vuestra asistencia!
Lo primero que quiero dejar claro es que a Mariola Sanz, maestra y pedagoga, no la conozco en profundidad a nivel personal. Sin embargo, todos los testimonios que me han llegado de personas cercanas a ella han sido siempre —y quiero subrayar ese siempre— profundamente positivos. Tanto en lo profesional, con hechos objetivos que lo demuestran, como en lo personal, donde todos coinciden en destacar su enorme calidad y calidez humana.
De nuestra querida maestra Mariola Sanz nadie —amigos, y hasta “enemigos”, si es que los tuviera— duda de que es una profesional extraordinaria. Lo avalan sus 32 años como maestra en el CEIP Nuestra Señora de los Ángeles (de 1981 a 2021), de los cuales 25 ejerció como directora; además de los 10 años como presidenta de la Asociación de Equipos Directivos de Centros Públicos de Infantil y Primaria de la Región de Murcia. Tres décadas largas dedicadas a la enseñanza que han permitido educar a varias generaciones de niños y niñas de El Esparragal.
Durante estos años de entrega a la docencia y a la dirección, el colegio se convirtió en un referente regional. Muchas maestras solicitaban destino allí para aprender de la metodología y el modelo pedagógico que Mariola y su equipo impulsaban en toda la comunidad educativa. Del mismo modo, familias que no pertenecían al entorno del centro buscaban matricular allí a sus hijos e hijas, atraídas por la calidad y la excelencia del proyecto educativo.
Que el CEIP Nuestra Señora de los Ángeles fuese un faro dentro del sistema educativo regional lo demuestran la cantidad, calidad y diversidad de los reconocimientos recibidos: premios internacionales, como el Premio Estrella al Mejor Producto Europeo; nacionales, como el Premio Nacional de Innovación Educativa en dos ocasiones; y regionales, como el Premio FAPA al Mejor Proyecto de Biblioteca de la Región de Murcia. Galardones que no solo valoraban la innovación pedagógica, sino también el trabajo en infraestructuras, la implicación de las familias, la lucha contra el acoso escolar...
Todo este compromiso militante en la educación tenía un objetivo claro: despertar en los niños y niñas la capacidad de pensar por sí mismos, formar personas críticas, creativas y comprometidas. Porque, como ella bien sabe, educar a un niño es también transformar una comunidad. Su influencia no se quedó solo en las aulas, sino que alcanzó a las familias y al conjunto de la vida social de El Esparragal.
Dentro de su trayectoria profesional también destaca su intensa labor divulgadora, con numerosas publicaciones y libros donde recoge, reflexiona y comparte toda esa experiencia educativa.
Y como persona… ¿qué puedo añadir? De todo lo que transmiten quienes han sido sus alumnos o las madres y padres que trataron con ella, sobresale su disponibilidad absoluta, su bondad, su exigencia positiva para hacer las cosas bien y su firme compromiso con una sociedad más dialogante, más justa y fraterna.
Mariola, como maestra, amaba a sus alumnos y alumnas, pero lo más importante es que ellos y ellas se sentían amados por su maestra. Como directora, siempre tuvo claro que la escuela no es un fin en sí misma, sino que, al igual que Nelson Mandela, pensaba –y sigue pensando– que «La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo».
Mariola, querida maestra, como dice el santo Job sobre Dios en la Biblia, mostrando un profundo agradecimiento: “Hasta ahora sólo había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos.” (Job 42,5) Pues eso,  que hoy puedo decir, con gratitud y admiración, que ha sido un verdadero honor conocerte también de cerca y no sólo “de oídas”.
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PRESENTACIÓN HOMENAJE A LA ASOCIACIÓN GASTRONÓMICA “LOS PALERONES”
¡Buenas noches! 
Hablar de Los Palerones es hablar de amistad con mayúsculas. De esa amistad que no entiende de prisas, ni de distancias, ni de los años que pasan, porque se sostiene en algo más profundo: los recuerdos compartidos, las raíces comunes y el cariño sincero.
Este grupo nació durante el verano de 2001 en torno a una necesidad muy humana: no esperar a las despedidas de los seres queridos, duelos o entierros, para encontrarnos. Decidieron verse para celebrar la vida, para reír, para recordar a los que ya no están y para seguir escribiendo historias juntos. Alrededor de una mesa sencilla, con la gastronomía de nuestra tierra y conversaciones sin filtros, fueron construyendo mucho más que cenas: construyeron un refugio de compañerismo.
En Los Palerones hay normas no escritas que dicen mucho de sus valores: aquí no se discute de política ni de fútbol, pero sí se escucha, se comparte y se respeta. Aquí las diferencias no separan, enriquecen. El nombre, nacido desde la broma y el cariño, simboliza esa forma tan sana de aceptarse unos a otros, con virtudes y torpezas, pero siempre desde el afecto. Un espacio donde se acoge no sólo a los campilleros, sino que está abierto a todo aquél que, venga de donde venga, esté dispuesto a compartir los valores del grupo.
Este homenaje es para celebrar su lealtad, su compromiso con las tradiciones, su manera de mantener viva la identidad del pueblo y, sobre todo, su capacidad de hacer que cualquiera que llegue se sienta en casa, algo tan importante y necesario en esta sociedad nuestra llena de enfrentamientos y polarizaciones de todo tipo. Y por supuesto, este homenaje también es un recuerdo lleno de cariño para los amigos palerones que hoy no están, pero que siguen presentes en cada risa y en cada brindis.
Porque ser Palerón no es solo pertenecer a un grupo. Es pertenecer a una familia.
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 BREVE HISTORIA DE LOS PALERONES
 
La semilla de este grupo se gesta en el verano de 2001, durante el duelo del padre de Fulgencio Huertas. Este le comentaba a Pedro Fernández (don Pedro, para nosotros) que nos habíamos criado juntos, que siempre nos habíamos llevado bien (con sus más y sus menos) y que, por el ajetreo de la vida, por la distancia o por lo que fuera, solo nos veíamos en estas situaciones: duelos o entierros.
Fulgencio ya lo había hablado con José Manuel de la Tía Roja, de crear un grupo de amigos y quedar una vez al mes para comparar una cena basada en nuestra gastronomía: sémola, rinrán, michirones, huevos fritos, frito de bacalao, etc. El lunes era un buen día porque las obligaciones laborales establecían un horario prudente de regreso (aunque, jajaja, no siempre fue así).
El nombre que se le ocurrió a Fulgencio no fue ni más ni menos que: Los Palerones. La palabra palerón no es muy conocida fuera de nuestra área geográfica y se refiere al cactus que da higos chumbos, es decir, la chumbera. La otra acepción que tiene en nuestro pueblo, y que es por la que hemos adoptado el nombre del grupo, es algo así como designar a alguien cuando comete o dice alguna torpeza, por ignorancia y sin mala intención. Este apelativo se usó y se sigue usando con mucha frecuencia sin que tenga, para nosotros, ninguna connotación peyorativa ni ofensiva; al contrario, se toma como algo cariñoso y gracioso. También tiene como finalidad resolver discusiones sin sentido y, sobre todo, cansinas.
Después de correr la voz entre los amigos y conocidos del pueblo, viendo la aceptación y, sobre todo, las ganas de juntarnos, en febrero de 2002 se hizo la primera cena de Palerones en la Tía Roja. Asistieron 13 personas y el menú fue: sémola, embutidos, ensalada, cerveza, vino, cafés, etc., y tocamos a 9 € por cabeza.
Desde la primera vez se dejó claro que la finalidad de estas reuniones/cenas era la de compartir y reforzar lo que nos une: nuestra identidad, nuestros orígenes, nuestras costumbres y tradiciones. Contamos historias y anécdotas que nos han pasado, las que nos han contado nuestros mayores, las tradiciones del pueblo y también de la huerta y de Murcia, el día a día de cada uno y, por supuesto, chistes... pero nunca dejamos que se cuele ni la política ni el fútbol. Esta regla no escrita es, quizás, un pilar fundamental para que llevemos 24 años juntos. También se dejó claro que el grupo es abierto y que cualquiera que quiera unirse, independientemente de su procedencia, es bienvenido. Lo único que se exige es ganas de pasar un buen rato y, claro está, pagar la cena.
En nuestra filosofía de grupo, cualquier Campillero ya es PALERÓN de nacimiento, sin embargo, los compañeros que se han unido a nosotros y que son de fuera de El Campillo, no son denominados como Palerones hasta que “El Pater” los bautiza, acontecimiento que úl􏰀mamente se viene realizando en nuestra comida previa a las carrozas de las fiestas de El Campillo.
Hay varios grados de Palerones: el Palerón, el Palerón y medio, y el Palerón Punchoso.
También organizamos, una o dos veces al año (aunque no todos los años), una cena en la que asistimos acompañados de la pareja.
Durante el primer año solo hicimos cenas. A partir del año siguiente (2003), empezamos a sacar una carroza en las fiestas del pueblo. Ese año lo hicimos en las fiestas de El Esparragal y, a partir de 2004, lo hemos estado haciendo puntualmente en las de El Campillo, salvo el año en que no ha habido carrozas.
Nuestro compromiso con las fiestas nos llevó a organizarlas, a petición de nuestro amigo PALERÓN Antonio el Gordo, en el año 2010.
Durante todos estos años han sido muchos los amigos que se han ido uniendo al grupo y, por desgracia, también nos han dejado algunos, a los que queremos recordar. Este reconocimiento también es para ellos: Félix Utreras, Antonio el Gordo y Román.
Llegó la pandemia y, por motivos obvios, tuvimos que hacer un paréntesis. Sin embargo, en cuanto pudimos retomar nuestros encuentros, lo hicimos.
Tras la pandemia hubo varios cierres de locales y, en otros casos, cambios de horarios, por lo que mantener el día de reunión era bastante complicado, así que decidimos pasar las cenas al segundo jueves de cada mes.
No queremos finalizar sin recordar el buen trato que nos han dado los restaurantes a los que hemos ido. Por citar algunos de ellos: La Tía Roja, La Rana, El Rincón de la Tapa, La Sevillana, La Puerta de Juan, El Costa Cálida, El Gambrinus, El Monteagudo, La Vieja Ermita, La Gloria, La Olivera, El Tramuso, El Juanín, La Piedra, El Ranga, El Casablanca, el bar de La María, Los Fogones de María, El Stop, El Rancho, el local social de Churra, el local social de Santomera, El Rincón del Arte y alguno más que se nos habrá pasado.
Ha habido idas y venidas de Palerones (todos ya Palerones de por vida), pero el grupo fuerte se mantiene con el paso de los años, lo que nos augura un gran futuro.

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